Chirimbolo

Idílico nauseabundo Chirimbolo,
El pobre, solitario y desnudo loco,
Anda perdido,
Sin pentagramas, con puchero, entristecido.
Sólo…con tan sólo unas lágrimas de mar, una caña de pescar
Y un par de oídos sin témpano de hombres muertos como carnada.
Así, sin más se echa a la pesca de la acústica urbana,
Pero un solo martillo consigue.
Da unos golpecitos,
Y Chirimbolo, loco,
Compone un ritmo.
¡Notas! ¡Quiero notas! ¡Sonidos, acústica!, gritaba.
Ni modo que lo escucharan.
Aquél vivía en la nada.
Y en la nada,
La música no nada.
Por la angustia insaciable,
Que padece el bondadoso filarmónico,
Coge el anzuelo y se amputa sus oídos,
Para probar pescar con más suerte una vez más.
Allí, en valencia, su luna, su hogar,
De todos modos,
No encuentra pesca que lo contenga.
Y Chirimbolo,
En la nada navega
Aclamando esos tonos, hasta que
Di fónico ya decide callar para escuchar.
Finalmente, rendido al silencio, tras sus vanos intentos,
Se acuesta en la medialuna,
Y descubre que la mejor acústica,
Es la interna.
“Calla, escucha, siente silente, la música egoísta que tu corazón palpita”.
(Le dice el Chirimbolo interno de la conciencia)


0 comentarios:

Publicar un comentario